La ciudad de Mirny, en Yakutia, Siberia oriental, al borde del gigantesco cráter de la mina de diamantes Mir, ha estado por mucho tiempo fuera de los mapas, ya que Rusia no quería exhibir una industria que sigue protegiendo celosamente.

Aunque este yacimiento fue cerrado en 2001, sigue siendo muy difícil para los extranjeros acercarse a esta ciudad de barracas de madera y pequeños edificios, que cuenta con 40.000 habitantes, sin ser oficialmente invitados por Alrosa, el segundo productor mundial de diamantes, controlado por el Estado.

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Abierta en 1957 y con una espiral que llega hasta los 600 metros de profundidad, que los camiones tardaban en subir más de una hora y media,  ha sido siempre cuidada en extremo por el gobierno ruso, que en 2001, año del cierre, producía el 20% de los diamantes del mundo.

El turismo en esta región, la más vasta de Rusia, con un invierno que dura nueve meses y temperaturas que pueden alcanzar -60°, es estudiado con celo, y los extranjeros que se aventuran sin autorización son sospechosos de interesarse demasiado en los diamantes y son interrogados por el FSB, ex KGB, corriendo el riesgo de ser expulsados.

Interesante lugar para una aventura, yo lo apunto dentro de mis destinos pendientes.


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