Aguas Calientes es el pueblo que da acceso a las ruinas de Machu Picchu, a las que sólo se puede llegar en tren o a pie por el Camino del Inca. Es el punto de partida para todos los viajeros que se aventuran hacia estas conocidas ruinas .

Un pueblo que funciona en torno a una vieja estación de tren, en un escenario propio de una ciudad de frontera, que en apenas un par de décadas ha pasado de ser un olvidado poblado maderero a convertirse en una ciudad de servicios en cuyas calles embarradas asoman cientos de albergues, pensiones, y locales baratos de todo tipo, y con un urbanismo tan caótico que uno nunca sabe si todo está a medio construir o a medio derruir.

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Unas calles por las que a todas horas van y vienen jóvenes mochileros, que llegan y se van a pie por el Camino del Inca, que suben o bajan a las ruinas, o que preparan desde aquí rutas senderistas a la cordillera.

El promedio de hostales y restaurantes por metro cuadrado en Aguas Calientes supera el de cualquier otro destino turístico de Perú, y se calcula que unas mil personas, de todas las edades y condiciones, llegan a diario a bordo del tren para visitar las ruinas.

Un destino imprescindible para el viajero independiente, el mochilero que siempre busca a sus iguales en cualquier parte del mundo.


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