Degustar un vino es una experiencia única, y que mejor que conocer correctamente los pasos a seguir para sacar el mejor provecho a ese momento. El orden de la degustación, que a continuación te detallaré paso a paso, es el olfato, la vista, y el gusto.

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Los pasos son los siguientes:

1.- Abre la botella y déjela respirar unos instantes antes de servir en la copa hasta un tercio de su altura.

2.- Rota el vino tomando la copa por el pie, agitándola suavemente para que el vino gire. Este movimiento hará que el vino respire y deje escapar sus aromas.

3.- Huele el vino y trata de idenfificar el aroma. Será una sensación agradable que nos llevará a aromas a fruta o flor con los vinos jóvenes, y a roble o bálsamo con los vinos viejos.

4.- Examina el color del vino. Interpon la copa, inclinada ligeramente, entre un punto luminoso y la vista, y aprecia su color. El color amarillo del vino es el que indica la edad, y todos los vinos tienen algo de tono amarillo. Un vino joven blanco es incoloro, y crece su dorado con los años. En los tintos serán los más morados los más jovenes, color que irá aclarando con los años.

5.- Degusta el vino. Pon un poco en tu boca, una cantidad suficiente para poder cubrir la lengua y poder aspirar aire. Cierra la boca, y sin tragar manten el vino en ella durante unos segundos. Así el vino aumentará su temperatura y será más fácil comprobar su edad. El vino joven desprenderá gas carbónico que te producirá un ligero picor en la punta de la lengua.

6.- Aprecia el gusto. Mueve la lengua y “mastica” el vino para que fluya por toda la cavidad bucal, y a continuación trágalo o escúpelo.

7.- Memoriza tus impresiones respecto a ese vino para las próximas catas.

Pues ya estás preparado, ya puedes montar una cata familiar con amigos para poner en práctica todo lo aprendido. Pasaréis un buen rato.

¿Tienes alguna otra duda o crees que debes aportar algo a estos pasos?. Deja tu comentario.


Este item histórico cuyos origenes se remontan a más de doscientos años en la Borgoña francesa, fue desarrollado por los maestros bodegueros para poder catar el vino en los oscuros sótanos de las bodegas.

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El material elegido para su elaboración fue la plata, para reflejar mejor la luz con la ayuda de una vela y así poder comprobar el color y la claridad del vino. En la actualidad, con la luz eléctrica, ya no es necesario su uso, pero sigue conservando toda su nostalgia entre los sumilleres, que siempre lo lucen orgullosos colgado de su cuello.

El tastevin ha sido desplazado en la actualidad por la copa de degustación, pero no desesperes si eres un amante del vino y estás pensando en comprar uno porque no es difícil de encontrar en tiendas especializadas.


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¿Todavía no has pasado un domingo en el barrio de la Latina en Madrid con los amigos? Pues es algo que no debes dejar pasar en tu visita a la capital para vivir la ciudad desde dentro. Empezar la tarde con un vermú con tus amigos se ha convertido en un clásico, probar diferentes de ellos, muchos realizados artesanalmente, es una verdadera delicia en un ambiente relajado y divertido en el que todos se relacionan unos con otros.

Y que mejor que conocer un poco de la historia del vermú para poder comentar en esos momentos de risas, haciéndote el interesantillo, aunque no lo hayas probado nunca. Pues yo te la voy a contar brevemente:

El vermú es un aperitivo elaborado a partir de vino blanco, diversas hiervas maceradas, y otras plantas, entre las que destacan el ajenjo, la quina, las bayas de enebro, los clavos de girofle, o el coriandro. Su origen hay quien lo remonta a Grecia, aunque es cierto que no es hasta mediados del siglo XIX cuando los hermanos Luigi y Giuseppe Cora lo hacen saltar a todas las mesas de Europa con el comienzo de su producción industrial.

Curiosidad: La palabra vermú deriva del alemán ‘wermut‘, que significa ajenjo, el cual aparecía en la mayoría de las antiguas recetas de vino con adicionado de hierbas, algunas con fecha de el siglo V a. de C.

Sin embargo, es a Antonio Benedetto Carpano, turinés apasionado por Goethe y sus libros, de ahí el nombre de raiz alemana que eligió para el vino, al que todos nombran como el creador del actual vermú a finales del siglo XVIII.

Actualmente, el vermú se presenta de tres tipos diferentes: el rojo (dulce), el blanco (dulce), y el dry (blanco seco), y tiene una graduación de entre 15 y18 grados.

¿Qué te ha parecido?, no dejes pasar la oportunidad en tu próxima visita, un domingo en la Latina en Madrid.


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Pues hoy os dejo ahí un buen vino de referencia para tomar con un pescaito, unos chocos a la plancha, unas gambitas, o similares. Y es que hoy lo voy a hacer yo para celebrar que un amigo de Madrid viene a echar unos días aquí a Sevilla. Y claro la pregunta fué ¿hoy que como? Pues está decidido, he comprado para cuatro, un kilo de langostinitos medianos, tres calamares grandotes, y un par de doradas medianas para hacerlo a la plancha.

Y claro, para acompañarlo hace falta un buen vinito, así que decidí comprar un par de botellitas de Castillo de San Diego cosecha, de Antonio Barbadillo, unas bodegas de Sanlucar de Barrameda, Cádiz. Un vino suave y delicado al paladar, con aromas de uva, manzana, y pera. Y es que este vino fresquito, y con una buena comidita, ahora que hace un calor de muerte sienta tremendo. Y todo eso de que el calor no deja dormir, pues olvídate, te vas a quedar tan a gustito, que vas a dormir como los ángeles.

Por cierto, este año la cosecha ha sido muy buena tal como anuncian en su web – “las oportunas lluvias de otoño y primavera, junto a los vientos marinos de poniente en verano han contribuido a obtener una añada excelente y de gran equilibrio” -. Un maravilla, que además sale por sólo 3.67€ la botella, baratito.

Pues ala, no lo olvidéis, Castillo de San Diego, de Antonio Barbadillo.