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Desde el aire, Shibam parece un espejismo. Un puñado apretado de edificios surge de la arena desafiando la gravedad y emitiendo destellos dorados. A su alrededor, palmeras y el cauce del Hadramaut. Más allá, sólo el vacío del Rub al Khali, un desierto enorme e impenitente que ha marcado la vida y la historia de esta antigua ciudad amurallada del este de Yemen. Una vez puestos los pies en tierra, el encanto no desaparece, pero la proximidad evidencia las dificultades que para sus habitantes supone vivir en ella, y conservar la que la viajera Freya Stark bautizó como ‘el Manhattan del desierto’.

Si acaso, sería al revés. Manhattan debería calificarse como ‘la Shibam del siglo XX’ porque la increíble ciudad de los rascacielos yemení precedió con mucho al centro financiero del mundo moderno. Sus orgullosos 7.000 habitantes remontan el origen de su asentamiento al siglo XII antes de Cristo, aunque no hay constancia escrita de su existencia hasta 1.500 años después, cuando la destrucción de Shabwa hizo que se trasladara la capital del reino de Hadramaut a este oasis surgido en la confluencia de varias ramblas.

Fue la riqueza del incienso la que contribuyó a levantar uno de los más extraordinarios ejemplos de la arquitectura local que luego se repetirá en otras ciudades de Yemen como Kawkaban o el casco antiguo de Sanaa. Sin ninguno de los sólidos materiales que siglos después permitirían la construcción de rascacielos, utilizando tan sólo adobe y troncos de palmera, alzaron torres de hasta nueve pisos sobre cimientos de piedras.

A pesar de lo modesto de los materiales, la variedad de diseños con los que se adornan las fachadas convierten Shibam en un verdadero museo al aire libre. No sólo la Gran Mezquita o la Casa de Jarhum, el edificio más antiguo de la ciudad, están decoradas con celosías y puertas de madera antiguas. Los marcos de cal realzan los vanos de las ventanas o delimitan los distintos pisos, sobre todo los más altos, en la práctica totalidad del medio millar de torres que se conservan dentro de la muralla. En contraste con el blanco de la cal, la paja que se usa para dar consistencia al barro produce destellos dorados bajo el sol del desierto.

Espectacular destino por tanto, eso si, cuando hagáis los planes para ir, recomendamos leer muy bien la situación social y política de Yemen, y visitar las páginas oficiales del país para no saltaros las normas.


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1 respuesta a "Shibam, ‘el Manhattan de arena’ en Yemen."

  1. Jaisalmer, una perla en desierto de Thar, India. » Ozutto | Travellers 5 Septiembre 2008 a las 10:30 pm

    [...] surge de la nada como un castillo de arena en el medio del desierto de Thar en la India, con su imponente fuerte como [...]


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