Después de que el esperanzador eslogan demócrata “Yes we can“, se haya convertido en “Yes we did“, ha llegado la hora de empezar a preparar los cambios prometidos, y el presidente electo lo tiene muy complicado.

Sacar las tropas de Irak, crear un modelo de sanidad pública para todos, cerrar la prisión de Guantánamo, apoyar el protocolo de Kioto, reestablecer la desconfianza generalizada en las relaciones exteriores, dejar de apoyar a Israel en la masacre que comete contra Palestina, conseguir que se respeten los derechos humanos en todas sus cárceles, respetar las decisiones de la OTAN y no actuar siempre de forma unilateral, abolir el eje del mal y las guerras preventivas, regular el modelo financiero norteamericano, o reestablecer las relaciones con Cuba y terminar con el bloqueo de más de 50 años, entre otras cosas, no le va a resultar nada fácil. Ha ganado Barack Obama, no SuperObama, no lo olvidemos.

super-obama

La victoria de Obama, y el paso de gigante que supone que un candidato afroamericano se ponga al frente de la Casa Blanca, es indudable que en estos momentos de crisis ha despertado la ilusión a todos, a mi el primero, pero creo que esta euforia generalizada está llegando demasiado lejos, y quiero advertir así, a todo aquel que cree que  su victoria va a cambiar el mundo de la noche a la mañana, a que ande con prudencia. Espero, en cualquier caso, que todo llegue cuanto antes.

Nota: Lanzo esta reflexión después de la crítica constructiva de un amigo, ‘el peludo‘, que hoy almorzando me reprochaba no haber escrito nada sobre la victoria de Barack Obama. Se lo dedico pues.


Si te ha gustado, puedes compartir esta entrada en los medios sociales:

Suscríbete Twitter Technorati Delicious Favoritos Facebook






Deja tu comentario