Un centenar de artistas han iniciado, dirigidos por el germano-iraní Kani Alavi, los trabajos de rehabilitación de los 1,3 kilómetros de muro conservado en la East Side Gallery del viejo Berlín oriental, el tramo más largo que se conserva, de cara a su puesta de gala el próximo 9 de noviembre de 2009.
Se cumplirá entonces el vigésimo aniversario de la caída física del telón de acero que dividió durante 28 años la ciudad, el país, y el mundo entre la Unión Soviética y los países aliados en la OTAN, entre el comunismo y el capitalismo.

Tras la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, la ciudad encargó a un grupo de 118 artistas utilizar el telón de la Guerra Fría como lienzo y testimonio de lo sucedido. Para ello se dispuso del kilómetro largo de muro todavía de pie a orillas del río Spree, y fué así como a lo largo de 1990 nacía la East Side Gallery.

Esta galería mural, entre el simbolismo y el realismo pictórico, sería entonces, y es aún hoy, testigo del confinamiento que sufrieron los berlineses del este desde que la mañana del 13 de agosto de 1961 despertasen con una valla que separaba la zona soviética de la controlada por EE UU, Francia y Reino Unido. La URSS frenaba así el tránsito de alemanes del este al oeste.

Durante casi 19 años, la East Side Gallery, ha permanecido abierta al público de forma gratuita y sin protección alguna como un muro más de la renovada cara del Berlín oriental. Sin embargo, el paso de los años, los estragos del tiempo, y el vandalismo de vecinos y turistas, ha dejado el muro prácticamente irreconocible. Las pinturas de los 118 artistas que lo decoraron en los 90 se esconden ahora bajo grafitis, dibujos, y frases de recuerdo del visitante que obligan ahora a su limpieza.

La pintura posiblemente más celebre de la East Side Gallery es la que calca sobre el muro una de las más célebres fotografías de la Guerra Fría, ‘El beso fraternal’ del presidente del Soviet Supremo, Leónidas Breznev, y el líder de la Alemania del este, Erich Honecker. Hoy, como se aprecia en la imagen superior, en la que también se muestra el original, ese beso queda tapado por una pintada, y la imagen ha quedado desfigurada por el deterioro del muro.

El principal problema de la rehabilitación radica en que alguno de los sectores han sufrido tal daño que las pinturas han desaparecido y obligarán a imaginar unas nuevas. Además, el proyecto sólo podrá contar con alrededor del 80% de los 118 artistas originales que participaron en 1990, ya que, según informa Associated Press, cinco ya han fallecido, y la East Side Gallery tratará de encontrar a algunos de sus colaboradores para recrear las mismas pinturas, y conservar la imagen del muro 20 años después.
Me parece maravilloso un proyecto como este por lo que significa, y patético el que se tenga que llegar a esta restauración en gran medida por culpa de esos que no respetan el arte urbano, las construcciónes, o cualquier otro reflejo artístico, pintando sobre ellas, o dañándolas, con la única intención de dejar su huella. Una huella que probablemente nunca volvera a ver.
Ya es hora de ser conscientes del daño que esto hace al arte, seamos responsables.